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«La diversidad poética nos brinda otra manera de dialogar. Nos permite descubrir que todos y cada uno de nosotros, en cualquier punto de la Tierra, compartimos los mismos interrogantes y sentimientos. Es una faceta de nuestra libertad, es nuestra humanidad. Por eso la poesía debe ocupar el lugar que le corresponde en los programas de educación de calidad. Mediante al acceso a la poética del mundo entero, los jóvenes pueden disponer de un vector más, diferente, sutil y fluido, para mejorar su conocimiento y comprensión del prójimo. El descubrimiento de un nuevo poema constituye un acto de inmersión en la lengua, pero también en la emoción y la sensibilidad del otro, por más distante que se encuentre en términos geográficos.».

Mensaje de la Directora General de la UNESCO

 

V E R    P O E M A S    Y    M E N S A J E S    E N    E L    L I B R O

 

   
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Guillermo Paz
El Tango y la Luna

 

Desde que el Tango vio a la Luna, sus agonías se intensificaron, sus tristezas se hicieron llanto, al verla tan bella y lejana.

Cantó con fuerzas sus penas, y su luz le suplicaba, cada noche que ella, asomaba por esa ventana.

Y ella no escuchaba...

El Tango se puso celoso, de las estrellas que la rodeaban, pero ella lo ignoraba, por más fuerte que él cantara.

El Tango entonces enfureció sin razón aparente, y sus notas se hicieron aún más fuertes; pero el son del bandoneón delataba el sufrimiento, y el violín fue más intenso en su lamento: enamorado de la Luna, el Tango perdía su compás.

Y ella seguía sin escuchar...

Hasta que una noche decidido, el Tango puso el grito en el cielo, allá donde estaba ella; ella lo estaba oyendo.

Mientras con dulces melodías, el Tango la iba atrayendo, las estrellas furiosas, querían retenerla en el cielo.
Pero una desesperada nota de amor fue más fuerte, y rompió el cristal que los separaba, ahora están frente a frente, y el Tango le confiesa que la ama.

Ahora la Luna escucha melodías de amor sincero.

El Tango ya no llora, porque el amor le cayó del cielo.